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“Sólo quiero una silla de ruedas para moverme”

Una desprotegida más del gobierno de Gudiño Corro

Juan E. Flores Mateos

Veracruz, Ver.- Ofelia Casillas Medina sale arrastrándose por el piso, entre una puerta de lámina, para sentarse y tomar aire fresco. La última vez que ella salió más de diez metros fuera de la casa fue hace tres meses.

Se escabulló con sus pies frágiles sorteando las piedras incrustadas en la arena de su calle Tlecoltepec, en la colonia Las Granjas, para llegar al tipo que alborotó su colonia porque llevaba el programa Oportunidades de la Secretaría de Desarrollo Social.

“Con esa fueron tres veces que he intentado afiliarme al programa pero hasta la fecha nada, y sí, necesito la ayuda porque lo que gano no me alcanza para mantener a mi niña” cuenta.

Si Ofelia se desplaza arrastrándose como si gateara al estilo de un bebé de meses, no es porque así lo desee. Desde los 7 años le fue diagnosticada poliomelitis, esa enfermedad que los discursos internacionales dicen ya está erradicada.

“Me llevaron a México. Mi mamá fue la que intentó llevarme a muchos hospitales, sobre todo al Seguro de la ciudad de México”, cuenta sentada y con las piernas dobladas acurrucadas debajo de ella.

Las piernas de Ofelia son frágiles y están bañadas en arena porque en su casa de lámina de zinc donde venden dulces, el piso es de tierra. Sus ojos son enormes y tristes.

Su piel está quemada por el sol y le es recubierta por una bermuda de mezclilla que en sus orillas se mira deshilachada y por una camisa manchada color azul marino. Su rostro es redondo, sus cejas son ralas y sus orejas destacan entre su pelo agarrado con una coleta.

Ofelia nunca estudió porque su mamá no quiso que lo hiciera. Le enseñó el arte de coser dobladillos y poner cierres, que es a lo que se dedica.

“Cuando no vendo dulces aquí en la casa en el negocio de mi hermana pongo cierres y hago dobladillos. Pero por aquí no hay mucha chamba y si quiero salir a buscar ¿cómo?, si no tengo ni silla de ruedas.”

Cuando la alcaldesa Carolina Gudiño se paró por esa colonia para buscar el voto, rodeada por un pseudo populismo de señoras que la vitoreaban como la panacea de la ciudad, le dijo a Ofelia que se anotara con su secretario porque ella le iba a dar una silla de ruedas.

“Yo sólo quería una silla de ruedas para moverme, se la pedí y no me hizo caso, sólo me dijo: ‘ve con mi secretario’ y ya fui y me anoté y todavía sigo esperándola”, narra Ofelia mientras deposita sus manos en los muslos.

Ofelia tiene una niña que ahora cuenta siete años y ella sí va a la escuela. “Ella tiene que aprender lo que yo no aprendí”, acota.

El marido de Ofelia, Jacobo Reyes, la dejó por otra. “Yo lo quise demandar, pero él me dijo que si yo lo hacía él me iba a quitar a mi niña, y como él si tiene posibilidades pues me dio mucho miedo. Ahora no sé dónde ande, la última vez que supe de él fue que vio a su mamá en Arboledas San Ramón, él vive ahora en la Reserva con su otra mujer.”

Según datos de la página de la Organización Mundial de la Salud, la poliomelitis está erradicada en un 99 por ciento y sólo alcanza a las comunidades más pobres y marginadas. De 350 mil casos que se diagnosticaron en 1988, sólo 650 se diagnosticaron en 2011.

La poliomelitis no tiene cura, es causada por un virus que ataca el sistema nervioso y se puede prevenir con la vacuna antipoliomélitica administrada varias veces.

Esa suerte no la tuvo Ofelia, quien forma parte de ese uno de doscientos casos a los que la enfermedad les causa una parálisis irreversible, y en los cuales casi todos están en Nigeria, Afganistán y Pakistán.

La última silla de ruedas que tuvo fue donada hace 18 años por el ayuntamiento. Pero es precisamente esa silla de ruedas que ya no le sirve desde hace diez. Ofelia desde entonces no va al centro, no sale con amigas por un elote, ni tiene la capacidad de tomar un autobús o de llevar a su hija a la escuela.

“La última que me dieron fue hace 18 años, pero se echó a perder, ya está viejita”.

Aquí en Las Granjas, Ofelia huele el olor cotidiano a quema de llantas y el sonido de las carretas de esta colonia bautizada así porque habían muchos cochinos hace años y a la que llegó con su familia hace 16.

“Yo vivía en la colonia Hidalgo con mi mamá. Mi mamá ya no vive y mis hermanos se dedican a la venta de dulces y a acarrear escombros y basura”, dice Ofelia arrastrándose adentro de su casa, pues hay un dobladillo que debe hacer.

El número para apoyarla es: 2292594543.

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