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"Pez", el salvavidas que ha luchado contra la marea

  • Juan Eduardo Flores Mateos
El joven rescatista de 23 años narra que además del oleaje ha tenido que lidiar con borrachines intransigentes.

Cuando las olas golpean los pies de los turistas y los rayos del sol reflejan en sus caras, en las playas merodean quince personas siempre alertas de que la muerte no recuerde a la vida su propia fragilidad.

Son los guardavidas o salvavidas de las costas en las playas de Veracruz. Personas de piel tostada que cargan un aditamento largo de color naranja en el que se aventuran contra la marea cada vez que alguien corre el riesgo de perderse en ella.

Uno de ellos es “Pez”, aunque no se llama así. Aunque accedió a charlar, este guardavidas pidió no se mencionara su nombre ni su clave radial porque tienen prohibido dar información.

Las claves radiales de estos muchachos se caracterizan por tener nombres de animales marinos: “Tiburón”, “Jaiba”, “Peto”, “Cherna”, “Delfín”. Por eso él, será “Pez”.

“Pez” está parado, observándolo todo. El sargazo, los niños que juegan las más azarosas guerras con esta planta, señoras con traje de baño de una pieza, sentadas con sus maridos mostrando la panza, bajo sombrillas marcadas por cerveceras.

Familias que se resguardan del sol, sentados en piedras, parejas hurgando con sus manos un “Te amo” efímero en la arena y sobre todo a los bañistas que chacotean entre el vaivén de las olas.

“Pez” habla de cómo aprendió a nadar, su voz es rasposa.

"Aprendí a nadar porque me aventaban del Muro de Pescadores cuando era morro. Toda mi familia es de pescadores, entonces luego nos llevaban a mar abierto, en las lanchas y ahí nos aventaban. Aprendes porque aprendes. Obviamente está tu papá o tu tío cuidando que no te ahogues", explica.

“Pez” dice que no le teme al mar pero le tiene respeto. Ha lidiado contra sus agresivos fauces cuando se agita gracias al viento y la lluvia, por lo que cuando la marea está agitada, explica, es de risa para él.

“El día que se ahogó el chavito por Semana Santa del año pasado, estaba la marea bien fuerte, el mar agitado, la temperatura helada y ahí estuvimos ayudando, buscando el cuerpo, luego apareció y bueno, ya sabrás lo doloroso que fue para la familia”, explica.

“Pez” habla de Denilson, quien desapareció en playa La Bamba un miércoles seis de marzo de 2013 y regresó muerto el sábado nueve.

En su mano un radio, en sus ojos unos lentes para resguardarse de los golpes del sol, en su cabeza una gorra, en su dorso una playera para el agua con el logo gubernamental y bajo su cintura una bermuda rojiza.

Es moreno, tiene el pelo crespo, sus brazos están tostados por el sol y en sus manos se dibujan callosidades. No parece tener 23 años, aparenta más edad.

“Así es esto, carnal. Sólo tengo 23 años, no tengo más”, refuta cuando le digo que parece más grande. Pide que lo aguante porque escuchará instrucciones.

-En la 3 hay unos, muévelos.

-Pero les da el agua abajo de la cintura.

-¡No importa, muévelos de ahí!

“Pez” explica que es bien fácil y muy bonito ser de Protección Civil y dar instrucciones, lo difícil es estar en la zona de batalla, lidiando con la gente que suele no hacer caso de las recomendaciones.

“Hay gente, carnal, que luego te pega, gente que está borracha que le salvas la vida y te contesta con madrazos”, asegura.

“Pez” relata casos donde señores borrachos se les abalanzan a los golpes luego de haberlos rescatado, cuando la marea los había arrastrado a sus entrañas.

“Pez” relata casos como cuando vino la porra del club Querétaro, a los que les dio recomendaciones, y como eran más de treinta se pusieron intransigentes con él porque estaban borrachos y querían madrearlo entre todos.

“Pez” relata el encuentro con gente necia que es rescatada en una playa y luego los rescatan en otra, como pasó el Carnaval pasado con un turista de la ciudad de Tampico.

Hasta ahora a “Pez”, en sus dos años que comenzó en esto, le han tocado tres ahogados, cientos de rescates y miles de borrachos intransigentes que año con año vienen a estas playas por vacaciones.

Su sueldo es de 3 mil 100 pesos a la quincena, no gana bono extra por vacaciones y su horario normal es de siete de la mañana a ocho de la noche, aunque en vacaciones luego termina a las diez.

“Ya me voy, carnal, voy a sacar a esos que están por allá, no vaya a ser la de malas”, dice mientras la tierra se le resbala en sus pies descalzos que se hunden en la arena.

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