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En la selva de Los Tuxtlas, queda 7% de la vegetación original

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Las selvas han sido convertidas en un mosaico parcelado, insuficiente para la supervivencia y reproducción de especies.

Cada año, en México se deforestan 500 mil hectáreas de selva, hábitat de aves rapaces forestales como el halcón selvático de collar (Micrastursemitorquatus), una de las siete especies falconiformes que viven en estas regiones de América.

Un ejemplo de ese proceso es la región de Los Tuxtlas, Veracruz, cuyo bioma ha sido fragmentado de forma constante desde los años 60 del siglo XX. De las 250 mil hectáreas que había en ese entonces (equivalentes a 390 mil 600 campos de futbol), para la década de los 80 sólo quedaban 40 mil (62 mil 500 canchas).

Por esta razón, las selvas en tierras bajas tropicales terminan convertidas en un mosaico parcelado, insuficiente para la supervivencia y reproducción del halcón selvático de collar y de otras aves rapaces tropicales, de cuyas poblaciones hay poca información.

Sobre el animal referido sólo hay tres estudios: uno en la Guyana Francesa; otro en Tikal, Guatemala, y uno más en México; este último fue realizado por la bióloga de la UNAM, Marisela Martínez Ruiz, en la Reserva de la Biósfera de Los Tuxtlas.

Su tesis de maestría Territorios, uso y selección de hábitat del halcón selvático de collar, es “un primer acercamiento de búsqueda de información sobre los requerimientos ecológicos básicos” de esta ave, distribuida en gran parte de la región biogeográfica neotropical (desde México hasta el norte de Argentina).

En la selva de Los Tuxtlas sólo queda siete por ciento de la vegetación original, entonces, ¿qué pasa con éste, el falco más grande de losMicrastur de América?, cuestionó Martínez Ruiz.

Una conclusión del estudio es que se encuentran en sitios de baja cobertura forestal, donde tienen territorios más grandes que los ubicados en sitios más conservados. Esto tendría implicaciones en sus actividades de forrajeo o en el tiempo para el cuidado de pollos.

Si tienen extensiones más grandes, deberían moverse más para cubrir sus necesidades y no se desempeñarían como si estuvieran en un área más pequeña y de mejor calidad, explicó la universitaria.

Una segunda conclusión es que esta rapaz defiende de forma más vigorosa áreas con mayor cobertura forestal, indirectamente de más calidad para los halcones.

Ante las provocaciones auditivas (reproducción de un llamado de la especie), estas aves tenían diferentes respuestas. La primera es un canto de cuatro notas. La duración de la defensa fue mayor en sitios más conservados, pues valdría la pena invertir mayor esfuerzo que en los de menor calidad.

En tales sitios, estos animales no sólo vocalizaban, sino que eran protegidos, incluso en pareja, indicador de una respuesta territorial más vigorosa. Con base en las provocaciones auditivas y el método de mapeo de parcelas (utilizado para censar aves), la estudiante del posgrado de la UNAM obtuvo mapas de la ubicación espacial de sus territorios.

Además, con base en el número de localizaciones, se determinó cuál de los tres tipos de hábitat prefiere esta especie. El estudio concluyó que se decantan por la vegetación primaria, es decir, la original, integrada por bosques de árboles maduros.

La secundaria está formada por acahuales, también de bosque tropical perennifolio, aunque con árboles de talla menor. Los halcones también usan esta vegetación, aunque en menor proporción a la primaria, y se observó que los selváticos de collar evitan áreas desprovistas de flora, como los pastizales inducidos para ganadería, las zonas de cultivo agrícola y las áreas urbanas.

¿Cuánto miden sus territorios? En Guatemala, el de una de estas hembras era de mil 176 hectáreas. En Los Tuxtlas, el más grande encontrado por Martínez Ruiz fue de 285 hectáreas, y el más pequeño, de 92. “Entre los sitios bien conservados y los más perturbados se hallaron estas diferencias”.

El tamaño de los territorios y cómo lo defienden puede estar influenciado por otras variables, como la edad del individuo, el sexo, el tiempo de residencia y la presencia no sólo de otros halcones selváticos, sino de aves rapaces e incluso mamíferos.

Las disputas por los sitios de anidación (huecos en los árboles), escasos en los sitios perturbados, tendrían influencia en la defensa referida. Sin embargo, se necesitan más estudios para entender el impacto de la competencia por estos lugares con otras especies.

La importancia ecológica del halcón selvático de collar es que este animal —con un collar negro que cubre las partes blancas de enfrente del plumaje, con partes de piel desnudas en la cara (les da un sentido auditivo muy agudo, más que visual, para cazar), cola y patas muy largas (caza también en el suelo)— es un depredador tope de las cadenas tróficas, expuso la bióloga.

Las aves rapaces, explicó, son indicadoras de calidad de los ecosistemas (al ser consumidores secundarios tienen efectos importantes en las poblaciones de primarios). Sin embargo, algunas especies se ven afectadas por la fragmentación.

El halcón selvático de collar es una variedad tropical dependiente de los interiores de bosque. “Los pequeños ‘parches’ pueden no ser suficientes para mantener a estos ejemplares a largo plazo”. La conectividad entre sitios es importante para que se puedan mover, tener alimento y encontrar pareja.

Por eso, puntualizó, es indispensable mantener las áreas de vegetación primaria que conforman la Reserva de la Biósfera de Los Tuxtlas y generar información científica que permita la preservación de estas rapaces poco conocidas.

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