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La "raya" del río Cotaxtla sorprendió a los habitantes de La Capilla

  • Roxana Iraís Aguirre
Decenas de familias fueron sorprendidas por el agua, no pudieron subir sus cosas para protegerlas y terminaron dañadas.

A las once de la mañana una “raya” -un pequeño afluente del río Cotaxtla- inundó la comunidad “La Capilla”, en Cotaxtla.

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Decenas de familias fueron sorprendidas por el agua, no pudieron subir sus cosas para protegerlas y terminaron dañadas.

Durante 35 años, José Méndez, ha vivido en esta comunidad y ha observado la crecida de este río, pero nunca un impacto como el de este día.

“Nosotros estábamos en la casa y vimos cómo empezó a entrar el agua, de hecho se llevó los perritos de una vecina, acá llegó.

Fue a las 4 de la tarde cuando comenzó a bajar el agua, sin embargo, la mayoría de los ciudadanos tuvieron que comenzar a sacarla de sus viviendas ayudados con cubetas, otros definitivamente no pudieron hacer nada hasta que el agua se hubiera retirado por completo.

“Se me empezó a llenar la casa de gente, llegaron mis hijas, mis nietos, todos a ayudar, porque fue un aguacero muy fuerte y con eso tuvimos para que se nos metiera el agua”, afirmó.

Fueron muchas las gallinas que la corriente en esta zona se llevó, no hubo tiempo de poner a todos los animales a salvo, algunas descansaban sobre mesas, pozos o sillas, en lo más alto posible para evitar que se ahogaran.

Los vecinos que vivían en las zonas más altas se unieron para compartir los alimentos con aquellos que sufrieron la afectación.

El nieto de José, un niño de 7 años, cumplía tres meses de haber fallecido, a pesar de lo alto del agua en la vivienda en la que organizaron el rezo, lo llevaron a cabo.

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“Se me fue, mi niñito, hoy cumple 3 meses y no importa que esté así, porque nosotros le vamos a hacer su rezo, así tenga el agua en las rodillas”, expresó mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, después mostró una fotografía de su madre, también fallecida, en su fiesta de cumpleaños número 100, tan contrastante la longeva vida de una y la corta del otro.

Los más allegados a la familia lo sabían y comenzaron a llegar a la casa inundada conforme se acercaba la hora… no podían faltar al homenaje del pequeño.

Otros, menos allegados, bromeaban sobre con quién pasarían la noche, ir a un albergue no resultaba una opción.

“Mi viejo no se quiere ir, está enfermo, y dice que no quiere dejar su casa, así que yo creo que no nos vamos a ir a un albergue, mejor nos quedamos con la vecina”, explicó Amanda Vivían Yescas.

Ella y su esposo permanecían sentados en la parte alta de su calle, observando como en su vivienda el agua todavía sobrepasaba los 80 centímetros de altura, bromeando entre sí, y con sus hijos, que entraban y salían, murmurando molestos, que no tenían ropa limpia, porque la que estaba tendida se había mojado.

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