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María, una madre que costea la búsqueda de su hijo bordando servilletas por 200 pesos

  • Miguel Ángel León Carmona
María Calte aprendió a invertir el tiempo muerto en los pasillos de la Fiscalía de Veracruz mientras espera noticias de su hijo desaparecido

Xalapa, Ver. – Con el paso de los años María Calte aprendió a invertir el tiempo muerto en los pasillos de la Fiscalía de Veracruz mientras espera noticias sobre su hijo desaparecido. Cualquier rincón es cómodo para la mujer de 59 años; desde allí borda servilletas que ofrece en 200 pesos con vecinos y familiares para así costear una búsqueda solitaria por la capital, Xalapa.

“Uno se acostumbra a andar con poco dinero; a lo que no, es a andar sin un hijo”, comparte la madre de Alfredo Tlaxcalteco Calte, desaparecido desde el 03 de febrero de 2010. Ella echó a andar sus conocimientos básicos de corte y confección para hacer frente a los gastos de la casa, que también se incrementaron con la ausencia de su primogénito.

Este 10 de mayo, para María “será un día muy difícil, ¿qué celebro?”, se lamenta. No obstante, redobla sus puntadas con estambre para cumplir con los encargos de sus clientes y asistir puntual a una marcha organizada por madres de desaparecidos que recriminarán en la Plaza Lerdo de Tejada, en Xalapa, el rezago en las investigaciones de sus familiares.

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Será frente al Palacio de Gobierno donde despacha Miguel Ángel Yunes Linares, donde la madre demandará justicia, como lo hizo durante los mandatos de Javier Duarte de Ochoa y Fidel Herrera Beltrán, en éste último (hace ocho años) cuando su hijo Alfredo desapareció en la capital veracruzana después de llevar a su hija a clases de guitarra.

María relata que el mayor de sus cinco hijos fue visto por última vez alrededor de las 22:00 horas, entre la calle Tepic y Avenida, de la colonia Macuiltepetl. “Llevó a mi nieta a la clase de guitarra. Más tarde su cuñado lo vio en la Avenida Xalapa, platicaron y luego ya no supimos de él”, relata.  

El 06 de febrero María denunció la desaparición de su hijo ante la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), sin embargo, el único indicio lo tuvo meses después, cuando el auto donde Alfredo viajaba, un Ford Focus color negro, fue visto por conocidos en un taller mecánico de la localidad de José Cardel, en el municipio de La Antigua.

María solicitó apoyo a elementos de la extinta Agencia Veracruzana de Investigaciones (AVI) para recuperar el vehículo y quizá dar con una pista de Alfredo. Sin embargo, los oficiales le solicitaron 15 mil pesos por un concepto retorcido que ella no recuerda, pero que resume como una “mordida”

“En lo que fui a solicitar apoyo con Tránsito y con la policía municipal me tardaron unas dos horas, cuando regresé el carro ya no estaba. Una persona que le pedí que vigilara me dijo que unos muchachos lo sacaron y se lo llevaron”, recuerda con recelo la entrevistada.

Desde ese momento, la vida de María dio un giro de 360 grados, su rutina como ama de casa la intercambió por una búsqueda entre los municipios de Cardel y Xalapa, una trayectoria de 75 kilómetros que no le arrojaba respuestas, pero sí gastos para los cuales no estaba prevenida.

“Cuando mi gordo desapareció le dije que su madre se iba a encargar de buscarlo”

“Cuando mi gordo desapareció le dije yo soy su madre, yo me hago responsable de todo”, recuerda María el momento en que decidió aplicar lo aprendido en la iglesia, en un taller gratuito brindado por una conocida suya, y comenzó a bordar servilletas de tela para vender entre familiares y conocidos.

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“No es mucho dinero, y quiero decir que mis otros hijos me apoyan con los gastos que antes absorbía Alfredo, pero con lo que gano saco para mis carros y para mi medicamento, cuando tengo que tomar pastillas y antidepresivos para poder dormir”, explica la madre.

El negocio del bordado, María lo emprende durante sus tiempos libres en casa, pero también cuando se traslada de Veracruz a la Ciudad de México, donde terminó por canalizar su investigación, en la Procuraduría General de la República (PGR), ante la escasez de resultados de la autoridad veracruzana.

En la promoción de sus productos la apoyan sus nietos, quienes se encargan de compartir con sus clientes sus modelos en servilleta vía WhatsApp. De la entrega y la cobranza se ocupa María: 200 y 250 pesos son los precios según sea el tamaño del lienzo.

Las ganancias que genera María están etiquetadas como si se tratara de un programa federal, con ello, en un principio, absorbió gastos de transporte cuando hay que trasladarse a los Servicios Médicos Forenses (SEMEFO), hospitales, o simplemente para la impresión de volantes que ella reparte entre la gente.

Recientemente ese dinero ha parado en idas a terapias y en recetas médicas que le surten sedantes y antidepresivos ara conciliar el sueño.

“De la última plática con la psicóloga salí molesta, me dijo que me animara pues tengo otros cuatro hijos conmigo, yo le dije ‘véase los dedos de su mano, ¿son iguales?, ¿no, ¿verdad? pues así, como los dedos de su mano, todos mis hijos son diferentes y a Alfredo no lo voy a reemplazar con nadie’”, comparte orgullosa. 

Así es como María resume los ocho años más recientes de su vida; costeando una búsqueda de una manera similar a muchas madres como ella, algunas vendiendo comida en ferias regionales, otras implementando bazares en carnavales. “Sin apoyo del gobierno yo no me olvido de la promesa que le hice a mi gordo: aquí está su madre para buscarlo”, concluye.

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