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Jazz Bustamante, sobreviviente a un crimen de odio

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Tras la agresión no claudicó y decidió luchar por la comunidad LGTTTB

Jazz llevó sus manos al abdomen, sentía un dolor intenso que se clavó en el pecho. Enseguida comenzó a vomitar sangre. Acababa de despertar en su cama, su agresor la dejó con los brazos abiertos y las piernas cerradas, en posición de cristo.

"Estoy a punto de cortarle el cabello, me pide el baño y le digo que sí. Él sube y yo subo también detrás de él porque dejé mi recámara abierta, para cerrarla. Justamente ahí es donde me empuja, y me comienza a pegar de patadas y me empieza a asfixiar con las dos manos, me desmayo (...), días después encontré que ese día usó mi lápiz labial para escribir una cita bíblica en mí ventana."

Eso fue el 15 de marzo del año 2014 en su estética, en la colonia Vergel, en el Puerto de Veracruz.  Comenzaba su carrera como activista para exigir el respeto a los derechos civiles de la Comunidad Lésbico, Gay, Transexual, Transgénero, Travesti, Bisexual e Intersexual en Veracruz.

Hasta ahora no hay ningún detenido por el hecho y aunque la discriminación y la violencia a este sector continúa, se dice satisfecha de lo que hace desde la agrupación Soy Humano, asociación civil desde la que alza la voz y acompaña a quienes son rechazados por su orientación sexual.

En retrospectiva, Jazz Bustamante, afirma que la experiencia no hizo más que arraigar su lucha y prometerse que haría lo posible para que ninguna persona sufriera de nuevo lo que ella pasó.

"Yo me prometí justamente a raíz de eso, que iba a dedicar más tiempo de mi vida a las labores sociales y a defender los derechos humanos."

"Hoy mis sueños han cambiado, por supuesto, y uno de ellos es crear un albergue para personas de la diversidad sexual, un centro como el de Los Angeles, me dicen que aspiro a mucho (...), yo sé que lo voy a lograr", afirma con una sonrisa en el rostro.

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Veracruz, estado violento

Año tras año, junio se llena de colores al ser el mes elegido para la celebración del orgullo LGBTTTI, sin embargo, solo después de Brasil, México es el segundo país en América Latina con más asesinatos a personas de esta comunidad y el estado de Veracruz, el número uno a nivel nacional, afirma Jazz Bustamante, quien lleva un conteo de los casos.

En cuanto a asesinatos a personas de la diversidad sexual, la activista señala que tres casos se han registrado este mes en Coatzacoalcos, Veracruz, por lo que el municipio ya se posiciona como la ciudad más violenta del país para la comunidad, seguida por Ecatepec, Estado de México y Cancún, Quintana Roo.

Según datos proporcionados por la activista, en Veracruz 182 crímenes de odio se registraron desde 2012 a la fecha, mientras que, de enero a junio, se contabilizaron 15.

Pese a lo anterior, la Fiscalía General del Estado no tipificó ningún de estos casos como Crimen de Odio, a pesar de que el Código Penal para el Estado de Veracruzestablece el tipo penal.

"No entienden en absoluto, la saña, el odio, la ridiculización de los cuerpos. Incluso el lugar donde son encontrados los cuerpos son factores que se deben tomar en cuenta", explicó la activista.

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Oídos sordos a denuncias

"Yo no alcanzaba a entender aun lo que me había sucedido, para esto, no querían hacer el peritaje de ir a tomar fotos y eso y querían que pagáramos tres mil pesos, me ayudó mi hermana, reclamó y a los tres días nos fueron a hacer el peritaje, lo hicieron mal", narra Jazz con un nudo en la garganta.

La violencia no es algo nuevo para la comunidad de la diversidad sexual; desde ofensas hasta golpes o asesinatos, son algo común y más cuando se trata de personas transexuales o transgénero, agrega.

"Quejas formales sobre discriminación hay dos: una en Xalapa, donde una persona transexual fue sacada de un restaurante y el caso del profesor Adán Juvencio".

A mediados de 2018, Juvencio Adán Cervantes, maestro de primaria de Orizaba, Veracruz, presentó una denuncia en contra de siete compañeros de trabajo por el delito de acoso laboral y discriminación y acusó a la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV) de discriminación, pues lo cambió de escuela después de un conflicto generado.

"Al colectivo y al observatorio contra los crímenes de odio nos llegan casos, pero lo único que piden es asesoría y qué hacer, a la hora de que les decimos `Tienen que denunciar´ la gran mayoría no lo hace", advierte la activista.

Personas cercanas, son agresores

En el estado, más del 85 por ciento de las víctimas conocían de alguna forma a su agresor, al menos a través de una red social, tal fue el caso de Jazz y su atacante, pues a pesar de no tener relación de ningún tipo, él bajo una cuenta de Facebook falsa, la agregó para saber más de ella.

Lo identifica como un fanático religioso, a quien no conocía más que de vista, con quien nunca había cruzado palabra.

"Tres días después de que me golpeó volteo a mi ventana y veo un versículo de la biblia, la segunda de corintios donde habla de arderás en lagos de fuego y estaba desgastado mi lápiz labial, fue justamente ahí donde entendí por qué me habían atacado", cuenta Jazz.

Lo que se hace actualmente en México para mitigar el impacto de la discriminación y la violencia contra gays, lesbianas, bisexuales o personas trans, es el resultado de una lucha de años, asegura.

Desde Veracruz, se describe como una de las muchas personas que encabezan esa lucha para hacer escuchar la voz y valer los derechos de un amplio sector que sigue siendo tratado como una minoría.

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