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Participación de mujeres dividida en "El 9 ninguna se mueve"

  • Redacción
Mientras algunas se sumaron al paro nacional de mujeres, otras no tuvieron opción y trabajaron al ser sostén de su familia

Xalapa, Ver.- Este lunes, mientras miles de mujeres optaron por no acudir a sus centros de trabajo, otro sector por diversas razones no pudo unirse al paro "El 9 ninguna se mueve".

Tal fue el caso de locatarias del Mercado Jáuregui y del centro de Xalapa, quienes en su mayoría son las únicas encargadas del puesto donde trabajan y no tuvieron opción de ausentarse.

Desde temprana hora se vio a mujeres limpiando los pisos frente a sus locales y al cuestionarles del porqué no pararon, una de ellas contestó: "pues no nos queda de otra, no hay hombres que atiendan aquí".

Al recorrer los pasillos, una joven sola componía un zapato. Su respuesta del porqué acudió a trabajar fue: "soy la única encargada, tengo que venir".

Otra mujer comentó que ella y su padre están a cargo del local, sin embargo, él ya es una persona mayor y no se puede valer por sí solo.

Por este motivo ella no pudo faltar, pero demostró que hoy sí se puso su playera morada de apoyo a las mujeres que sí decidieron unirse al paro.

"Soy la única que trabaja aquí, si no soy yo, ¿quién me lleva el dinero para comer?", expresó entre risas una mujer adulta que acomodaba y barría su local.

En los puestos de comida fue donde ninguna mujer estuvo ausente, y las empleadas iban y venían atendiendo a quienes llegaron a merendar.

Algunas acompañaron a sus esposos, quienes respondían por ellas: “en la Biblia dice que todos tenemos que trabajar. Solo somos ella y yo y con esto mantenemos la familia”, excusó el hombre en voz de su señora.

En algunos restaurantes incluso se veían a mujeres limpiar ventanales, acomodando productos.

En las calles, las más humildes con miradas tímidas acomodaban sus rejas para sus verduras. Van al día: no pueden faltar.

A diferencias de oficinas, escuelas y bancos, en Xalapa el comercio por tradición familiar no paró y sin excepción las mujeres movieron la economía en carnicerías, a la hora de la comida en las cocinas, o bien, aconsejando remedios en las herbolarias o calmando el apetito de los obreros con tortas, refrescos y aguas de sabor.

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