• Economía

Gabriel y don Juan: dos historias en las que no aplica el home office

  • Fluvio Cesar Martínez
Se trata de dos comerciantes con diferentes edades y circunstancias; cuyas historias reflejan lo que pasa en todo el país

Coatzacoalcos, Ver.- A pesar de las recomendaciones de las autoridades de no salir en la medida de lo posible y que empresas permitan a su trabajadores hacer home office, existen comerciantes como Gabriel y don Juan que no gozan de este privilegio.

Ya que si día que salen a vender sus productos, es un día que no tendrán para comer.

A continuación conoceremos dos historias con diferencia de edades y circunstancias, pero que se repiten en todo el país.


La silla de ruedas pegada al termo de aguas frescas

Apenas sale el sol y Gabriel Armando Velázquez tiene que levantarse para preparar 4 sabores de aguas frescas que venderá en botellas de litro y medio litro en una parada de camiones de Coatzacoalcos.

Un oficio que adoptó hace cinco años tras sufrir un accidente en el taxi que manejaba y lo dejó en silla de ruedas, pues lamentablemente un fuerte golpe le afectó la médula espinal.

“Yo era taxista de Las Barrillas durante muchos años, pero hace 5 años me accidente y mírame aquí estoy en silla de ruedas, por eso decidí comenzar a vender aguas frescas que preparo con mis hijos”, expresas mientras ofrece sus aguas a los clientes.

 

Nuestro aguador es padre soltero de dos hijos adolescentes que dependen de él al cien por ciento; al igual que su madre. Por ello, ante la adversidad que enfrentó por su accidente, no pudo quedarse en cama a lamentarse y se puso a vender.

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Gana 200 pesos  y trabaja más de 8 horas por día 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), 15 por ciento de la población de cada país tiene alguna discapacidad, lo que equivaldría en México a 18 millones 525,000 personas considerando que somos 123 millones 500,000 habitantes. 

Sin embargo datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI) señala que en nuestro país son 5.7 millones de personas con discapacidad, donde seguramente está contabilizado Gabriel.

A pesar de no caminar no ha perdido su estilo, pues con ayuda de sus hijos se viste con un pantalón de mezclilla, playera deportiva blanca y una gorra de lado que combina con sus pulseras de hilo.

Antes de las 9 de la mañana toma un taxi en con ayuda de sus hijos desde su domicilio ubicado en la colonia Teresa Morales que lo lleva a la parada de plaza Las Palmas sobre avenida Universidad, donde ya tiene un espacio para colocar su termo con más de 25 aguas que comercializa en 10 o 20 pesos, según el tamaño y el sabor.

“Vendo agua de horchata, pozol, avena y jamaica que hacemos con mis hijos y pues ya tengo que estar aquí a las 9 más tardar porque los camioneros y la gente que está en la parada ya me pide las aguas”, señala mientras vende las primeras del día. 

Lo abordamos un día donde no ha vendido mucho, aun cuando lleva dos horas en este lugar, son casi las 11:00 horas del día pero no se da por vencido, pues sabe que hay días malos y días buenos.

“Cuando es un día bueno me gano hasta 300 pesos, cuando no me llevo 100 o menos, por ejemplo ayer me gane 80 pesos por todo el día”, señala.

Detenemos la entrevista pues se para un cobrador de urbano que le pide dos aguas de litro, tiene que atenderlos rápido pues son sus mejores clientes y van con el tiempo marcado.

Ya le está afectando el coronavirus 

Sol o lluvia, haya o no hay clases, sea martes o domingo da lo mismo, Gabriel tiene que salir a vender pues tiene que mantener a su familia, pues a pesar de su discapacidad no recibe apoyo de ninguna dependencia de gobierno.

“Ahí están sus aguas para el calorcito, de cual jefe te mando”, un grito que se sabe de memoria y que a pesar de que al principio le causaba cierta vergüenza, hoy en día forma parte de su diario vivir.

“No puedo quedarme en casa tengo que salir a trabajar, porque no tengo de donde más sacar dinero, si tuviéramos de donde sacar dinero lo haríamos pero nos tocó trabajar y lo hacemos”, responde cuando le decimos si esta pensando quedarse en casa por recomendaciones de las autoridades.

Lo que sí lamenta es que las personas dejen de salir de sus hogares pues hay menos clientes a quienes vender sus horchatas o pozol de cacao.

“Ya nos esta afectando porque antier me gane 60 pesos de todo el día y pues aquí estaré de lunes a domingo, estos días me he estado quedando hasta las 6 de la tarde porque ya no sale la gente por lo del coronavirus y pues no me puedo regresar a casa con todo el producto y hasta que saque ganancia me retiro”, reitera.

Tiene que juntar para la comida y aunque se canse no tiene de otra más que seguir vendiendo, aunque sus piernas no respondan.

“Si hoy no sale mucho, mañana primero Dios será mejor”…..

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Don Juan tiene que vender se cacahuates para comer

"No me puedo quedar en casa porque tengo necesidad y si me agarra esa cosa que se llama coronavirus pues ya me tocó”, expresa don Juan Sandoval, quien todos los días  coloca su pequeño puesto de cacahuates y pistaches en la entrada principal del edificio de tesorería en el Puerto de Coatzacoalcos.

“Cacahuates, garbanzos, pistaches y habas con chiles, a 10 pesitos”, grita mientras pasamos a su lado y nos detenemos a platicar con él, pues nos pregunta si cómo reporteros sabemos algo del coronavirus, que a duras penas y puede pronunciar pues dice que nunca lo había escuchado.

Tiene 81 años, aunque su fuerza demuestra menos. Viste una playera blanca y un pantalón de color beige que le regaló un trabajador petrolero, que combina con un sombrero y tenis color gris.

No recuerda muy bien cuántos años lleva de vendedor ambulante, aunque dice que calcula más de 50, en los que ha recorrido todas las colonias de Coatzacoalcos:

“Desde que era yo chamaco vendo esto, creo que son como 40 o 50 años vendiendo porque me gusta andar aquí, y pues recorro la ciudad, además mi cuerpo esta acostumbrado”, manifestó.

Se queja sólo de que el limón haya subido de precio, pues dice que gana menos porque lo ocupa para aderezar sus bolsitas que también acompaña con salsa roja o sal, según como las quiera el cliente.

Rechaza recomendación de autoridades de quedarse en casa

El coronavirus en México se ha convertido en una licencia para que los adultos mayores de 60 años que trabajan en empresas o dependencias públicas, puedan quedarse en sus casas a partir de  esta semana.

Toda vez que debido al deterioro de su sistema inmunológico son más vulnerables a contraer el virus del covid-19

Sin embargo, nuestro cacahuatero no puede gozar de este privilegio, pues asegura que tiene que vender para comer.

“No se nada de ese virus y pues eso dicen que no debemos salir los viejitos, pero pues no se como esta eso, pero pues como te dije yo vivo de aquí y como de vender mis cacahuates, además ya estoy acostumbrado a vender todos los días y si no salgo de mi casa me aburro”, dice mientras se avienta una carcajada.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI): en México habitan más de 10 millones 55 mil adultos mayores de 60 años. Siendo la Ciudad de México, Oaxaca y Veracruz, los estados con la mayor cantidad, con un 10 por ciento en cada entidad.

Las estadísticas arrojan que de esta cantidad el 74 por ciento sabe leer y escribir, mientras que don José es parte del resto de los que no pudo acceder a una escuela, por lo que se las arregla para sacar sus cuentas y dar cambio a sus clientes.

No recibe apoyo del Gobierno y tiene que comer

El pasado miércoles, durante su conferencia matutina, el presidente Andrés Manuel López Obrador informó que los pagos de pensiones para los adultos mayores serán adelantados por un monto de casi 42 mil millones de pesos, esto debido a la posible alerta del coronavirus.

El presidente de la república, aseguró que el principal objetivo es “aminorar el impacto económico y blindar al pueblo ante cualquier circunstancia que se pudiera presentar una vez iniciada la fase 2 y 3 de la epidemia de la enfermedad en el país”.

Se ríe nuestro comerciante ambulante cuando le cuestione si va a recibir este apoyo, pues dice que por falta de documentos no ha podido ingresar a este programa.

“Yo no recibo apoyo de nadie, sólo de la gente que me ve aquí y me compra mis cacahuates, aunque no me gusta que me regalen cosas porque prefiero vender estos cacahuates”, dice muy confiado.

Gana entre 50 y 120 pesos por día, lo cuál ocupa para comprar sus alimentos y productos de primera necesidad, pues vive sólo en una humilde vivienda en el centro de la ciudad.

Aunque dice que cada determinado tiempo, ahorra para remodelar o cambiar su puesto que lo conforman una mesa de madera pequeña de color azul, con divisiones para cada semilla y una tijera del mismo color que la sostiene.

“Estoy enfermo o me siento mal y ni así dejo de trabajar, porque estoy acostumbrado a venir aquí a vender y pues te repito me quedaré hasta que ya no me dejen vender, porque no hay de otra y si me enfermo de eso, pues ya Dios dirá”, es lo último que nos dice y nos despedimos para no interrumpir más su día de venta.

Como se habrá dado cuenta, no todos pueden quedarse en casa por lo que Don Juan y Gabriel envían un mensaje similar a los mexicanos:

“Hay que cuidarse y nunca reclamar a Dios de lo que nos pase o de lo que nos tocó vivir”….

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