Más de lo mismo… y peor

  • Rafael Arias Hernández

Ineptos y corruptos se reciclan, permanecen y se fortalecen.

Inocultable,  caro y presuntuoso, se repite más de lo mismo y peor. Ante la alarma mundial del daño acumulado causado en estructuras, funciones y resultados,  por  innumerables  gobernantes y funcionarios.

Ante la evidencia y el escándalo que se denuncia  a lo largo y lo ancho de todo el país,  sigue el mismo discurso y comportamiento oficial del “no pasa nada, vamos bien y viene lo mejor”

En Veracruz y en todo México, a diferentes intensidades y grados, la vieja y obsoleta cultura política prevalece y se impone.

Los gobiernos, en general, se caracterizan por estar  dedicados a  rutina, simulación e impunidad, en condenable  defensa de intereses personales y de grupo.

De los cuantiosos recursos públicos manejados, del alcance de las atribuciones institucionales, y de las oportunidades que se presentan,  cada vez llega menos al sufrido y abnegado mexicano.

Mantenerse a cualquier costo,  en el poder público y sus beneficios es lo prioritario. “Tapaos los unos  a los otros, salvo excepciones,  es  principio y fin”,  de demasiados funcionarios y gobernantes. 

Mientras tanto, la economía no reacciona  y el entorno internacional desfavorece y perjudica;  inocultable,  aumenta la producción de pobres, miserables,  hambrientos y sedientos;  crecen limitaciones y sacrificios de la población; y  la  violencia e  inseguridad no ceden. Demasiado daño acumulado se hace presente.

El esfuerzo de los gobiernos  no es suficiente. La cara y obsoleta simulación oficial  es notoriamente ofensiva e impertinente. Decenas de miles de desaparecidos y sus familias agraviadas claman y exigen seguridad y justicia, decencia  y eficiencia gubernamental.

De los 34 países integrantes de la OCDE, México continúa siendo uno de los  más violentos del mundo, donde no están garantizadas las condiciones para una vida segura, de acuerdo a los Indicadores de Gobernabilidad Sostenible (Sustainable Governance Indicators).

Cambiar para que todo siga igual

Y aquí estamos, ante elecciones, que se supone   facilitarán las expresiones  de la voluntad ciudadana;  y que, en principio, deben  servir para determinar quiénes son los responsables de la representación pública.

Elecciones que,  sin embargo,  tradicional y comprobadamente son de limitado alcance por el excesivo control de la partidocracia,  con sus inaceptables excesos y formas de condicionamiento, orientación y clientelismo de servicios, apoyos y recursos públicos; y también,  hasta de  escandalosos y recurrentes actos delictivos.

A pesar de las reformas y cambios realizados,  las elecciones están  limitadas, entre otros aspectos,  a una mayoría relativa sin suficiente respaldo, credibilidad y confianza;   a una tolerancia, estímulo  y apoyo,  a conocidas formas de delincuencia electoral que manipulan  y  orientan la voluntad popular;  a una persistente negación del derecho de revocación de mandato;  a una inocultable extensión de la impunidad, sobre todo por delitos electorales, de ahí que algunos encuentran refugio y amparo en el fuero legislativo y  en el  abuso del llamado “acto consumado”; y a la oportunidad de administraciones y gobiernos de reciclar, promover y proteger a conocidos irresponsables e ineptos, ineficientes  y corruptos.

Esto nos lleva inevitablemente,  a tener que reconocer que a pesar de las pérdidas, retrocesos y daños causados. A pesar de las innumerables  historias repetidas, de  tragedias revividas,  los ciudadanos y sociedad en general, poco nos ocupamos de fiscalizar y evaluar la actividad gubernamental.  Al grado tal, que no es raro que impongan o  nombren a los mismos,  o a peores presuntos responsables, en importantes  áreas de gobierno, sabiendo que, como en anteriores oportunidades,  no  entregarán  buenos resultados; no atenderán bien y con oportunidad,  necesidades sociales básicas o  prioritarias; ni resolverán, viejos y nuevos  problemas. Erróneamente se piensa,  que padecer a los verdugos se vuelve una  obligación, o hasta una adicción.

Es tal nuestro  desinterés ciudadano  y la pasividad de la sociedad,  que no se exigen responsabilidades y rendición de cuentas, verdaderas  y puntuales.

Muchos de quienes gobiernan creen, sostienen y practican,  que pueden hacer  lo que les da la gana, que al fin y al cabo complacencia, complicidad y continuidad son la base de la impunidad.

Error y consecuencia, bien se sabe que, en general, ciudadanos y sociedad,  poco nos  ocupamos  de fiscalizar y evaluar la actividad gubernamental.

Así,  los perjudicados, los obligados a pagar  consecuencias y sacrificios son, para variar,  los mismos de siempre. 

¿Sirven los servidores públicos?

Lo importante es saber distinguir bueno, de malo o peor. Valorar los diversos aspectos de carreras políticas, ejercicio gubernamental y, en general,  alcances y resultados de todo servidor público.

¿Aceptación  a la capacidad o a la complicidad?¿Preferencia  a la mediocridad o a la perversidad?

¿Reconocimiento a la eficiencia o a la delincuencia, dentro y fuera de los gobiernos?

Precisa saber ¿Hay buenos, eficientes y honestos?

Numerosos, en la multitud del anonimato; o contados pero destacados, por fortuna no todo está perdido, ni podrido.

Desde luego que los hay. Cada vez menos, pocos y contados en los puestos importantes y en los mandos superiores, pero los hay.

La cuestión entonces es saber distinguir unos de otros, hacerlo con objetividad, sin prejuicios ni indisposiciones.

Para ello, hay  que partir de resultados: errores y aciertos,  pendientes y retrocesos, logros y avances,  obtenidos.

Imprescindible la información confiable y oportuna; por lo tanto hay que exigir un acceso a la información verdadera, actualizada, y entendible. Recomendable  si frente a objetivos establecidos, se usan indicadores de desempeño.

El problema se complica  si  no se imponen, para empezar, como práctica obligada y permanente,  transparencia y  rendición de cuentas, así como  seguimiento y control,  evaluación y  fiscalización de todos los servidores públicos, sin excepción.

Reto ineludible eliminar opacidad, voluntarismo, discrecionalidad, secretismo y favoritismo, pilares de ineficiencia, delincuencia  e impunidad.

El Consejo Coordinador Empresarial, demanda  “terminar con el problema de corrupción que se agrava día con día en el país”. Su representante, Gerardo Gutiérrez Candiani,  sostiene que… “diariamente salen a la luz situaciones de abuso y corrupción en los distintos niveles de gobierno. Si hay que reducir gastos, es obligado ir contra los altísimos costos que se derivan de un aspecto fundamental es el combate a la corrupción” (SinEmbargo.120115)

*AcadémicoIIESES-UV @RafaelAriasH

Facebook: VeracruzHoydeRafaelAriasHdez

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Rafael Arias Hernández

Actualmente es Investigador del IIESES y maestro de la Facultad de Economía de la UV.

Cuenta con  Licenciatura en Economía, por la Universidad Veracruzana. Obtuvo mención honorífica Cum Laude.  Maestría en Economía con especialización en Desarrollo Regional y sub especialización en Historia del Pensamiento Económico. Salt Lake City, Utah. USA. Diplomado por la U.V. en “Habilidades del Pensamiento”.  Alta Dirección AD2 Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas. (IPADE). Becario en los programas Lincon-Juárez y LASPAU.  Asesor académico y maestro de Enseñanza Media, Esc. De Bachilleres Noc. “Art. 3º Constitucional”, Xalapa, Ver. Maestro en la Facultad de Economía, y de la Maestría en Desarrollo Regional. Historia Económica, Desarrollo Económico, Desarrollo Regional, Taller de Investigación, Metodología, Habilidades del Pensamiento y otras cátedras. Maestro en “Técnicas de Debate” de la maestría en Acción Política y Administración Pública, de la Universidad Anáhuac. Xalapa, Ver.

Director General Técnico y Secretario General de la Universidad Veracruzana.

En el Gobierno Federal, fue Delegado Estatal de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial en Veracruz, y Director de Desarrollo Regional en SPP. En el Gobierno del Estado de Veracruz ha sido Asesor Económico, Jefe de Prensa y Comunicación Social, Director General del Instituto Veracruzano de Cultura, Director General de Industria, Comercio y Estadística, Coordinador de Participación Ciudadana, Coordinador Ejecutivo del Comité de Planeación para el Desarrollo (COPLADEVER). SEFIPLAN, (2010)

Miembro de diversas Asociaciones Civiles y ciudadanas, como el Colegio de Urbanistas y Planificadores, el Colegio de Economistas; la Fundación Cambio XXI A. C.; y de la Fundación Colosio A.C. Colaborador de diversas revistas y publicaciones académicas. Articulista de diversos periódicos, y de otros medios de comunicaciones nacionales, estatales y municipales.