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Mi hijo no mata “ni una hormiga” ¿y el tuyo?

La crueldad hacia los animales en la infancia está relacionada con una mayor probabilidad de comportamientos violentos que atenten contra los seres humanos en la edad adulta. (CoPPA: Coordinadora de Profesionales por la prevención de abusos).

Dicho esto, la primera forma de revertir los comportamientos de crueldad hacia los animales, y prevenir drásticamente el comportamiento violento en edad adulta, es la educación en la empatía, ni más ni menos. Prestar especial atención a este ingrediente guía que redirigirá radicalmente la ruta del comportamiento de nuestros hijos. Incluso redirigirá socialmente, hacia la disminución y por qué no, la desaparición del tan encarnado bulliyng en las escuelas, y la violencia social.

La empatía del griego ἐμπαθής ("emocionado") es la capacidad cognitiva de percibir, en un contexto común, lo que otro individuo puede sentir. También es descrita como un sentimiento de participación afectiva de una persona, en la realidad que afecta a otro ser vivo.

Ponerse en el lugar del otro, empatizar con el otro. El “otro” como ser vivo, perteneciente a la especie humana o no humana. El otro como ser vivo sintiente, con consciencia, y con el derecho universal de ser respetado. El respeto universal como raíz indiscutible y nutritiva de la Paz en toda su extensión.

Según la antropóloga, Margaret Mead (1964), "Una de las cosas más peligrosas que le pueden pasar a un niño es matar o torturar a un animal y salirse con la suya".

Casi todos los niños atraviesan una etapa de crueldad "inocente", en la cual pueden lastimar insectos u otros animales pequeños en el proceso de explorar el mundo y descubrir sus habilidades.

La mayoría de los niños, sin embargo, educándolos en la empatía, con la guía adecuada de los padres y maestros, y por qué no también, de la sociedad y las autoridades, se tornan sensibles al hecho de que los animales pueden sentir dolor y sufrir y por lo tanto hay que tratar de evitar causarles tal dolor.

¡Ojo! Pensemos también qué llevarlos a Zoo, al Acuario, a los Circos con Animales, a los eventos Taurinos, a los Delfinarios o a cualquier actividad “recreativa” a costa del cautiverio, abuso y “cosificación” de los animales; o incluso también involucrarlos en la compra de un perro y no en su adopción, es contribuir sin darnos cuenta pero espeluznantemente, a que “no empaticen”.

Nuestros hijos no deben matar “ni una hormiga”, pero deben saber por qué no hacerlo, y nada mejor que hacer que quizás hasta en juego, en magia o en imaginación, se “pongan en lugar de la hormiga” (o del león enjaulado de un zoológico por ejemplo). ¿Suena divertido no? Y no sólo divertido sino interesante para cambiar rumbo de nuestras propias acciones como humanos adultos ¡créanme!

¿Y cuáles son las implicancias de no educar en la empatía?

Los actos de maltrato animal en la infancia son algunos de los indicadores diagnósticos más fiables y prematuros de los trastornos de conducta, a menudo empezando con tan solo 6 años y medio de edad (Ascione, 2001).

El 50 % de los “schoolyard shooters”, (asesinos en las escuelas), tienen historiales previos de crueldad hacia los animales (Verlinden, Herson & Thomas, 2000).

El 63 %  de los criminales agresivos había infligido deliberadamente daño a animales en su infancia (Schiff, Louw & Ascione, 1999).

El 48 % de los violadores y el 30 % de los pederastas habían cometido maltrato animal en su infancia o adolescencia (Tingle, Barnard et al., 1986).

Un número  significativo de  investigaciones documenta una asociación entre antecedentes de crueldad infantil con animales y patrones de agresión interpersonal crónica (Kellert & Felthous, 1985; Hensley & Tallichet, 2005; Merzg Perez, Heide & Silverman, 2001; Becker & French, 2004).

Además el Manual de Psiquiatría y Desórdenes Emocionales lista la crueldad contra los animales como un criterio de diagnóstico para los desórdenes de conducta. El Psiquiatra, Dr. Alan Felthous, junto con otros colegas, ha identificado una tríada constituida por el abuso físico por parte de los padres, crueldad hacia los animales, y violencia hacia las personas.

El departamento de Educación de Estados Unidos, publica un panfleto, donde se coloca la crueldad contra los animales, como un síntoma de advertencia de un joven potencialmente peligroso… Maestros, padres y estudiantes son advertidos y entrenados por el FBI, para buscar síntomas de alarma.

De acuerdo a Robert Ressler, quien diseñó los perfiles de los asesinos seriales para el FBI: “Los asesinos seriales muy a menudo, comienzan matando y torturando animales, cuando eran niños”.

Un niño que aprende a respetar un animal y a tratarlo con afecto, paciencia y compresión, adquiere un adiestramiento invaluable de aprendizaje en cuanto a tratar a las personas de igual manera. Por el contrario, el tratamiento inadecuado hacia los animales no es saludable tanto para el animal como para el niño, y debe detectarse y corregirse de manera urgente.

Educar en la empatía, conscientizar y sensibilizar a los niños y a la población en cuanto a la relación directa del bienestar de todos los seres vivos  con el bienestar familiar y social, es uno de los más sustentados caminos para  prevenir el abuso y la violencia hacia los niños, mujeres, ancianos y animales no humanos, extendiéndose a la prevención del Bulling y la Violencia Social.

Lograr que tu hijo “no mate ni una hormiga”, y sea eslabón fundamental del respeto universal, es simple y sencillamente, pensar en su futuro y en el TODO lo y los demás.