Sin miedo a saltarse las páginas

  • Alma Espinosa

Lo primero que se piensa al comenzar a leer el libro Como una novela de Daniel Pennac es: “¡Ese soy yo! ¿De verdad puedo hacer eso?”. En sus páginas encontramos a nuestra mamá leyéndonos en la orilla de la cama y la que años después sería su sombra porque dejó de leernos cuando crecimos.

Ella, en la mayoría de los casos, nos abre a la infinita diversidad de las cosas imaginarias, como lo menciona Pennac; como vendedora de algún producto comercial, se encargó de crearnos la necesidad de leer hasta el punto de generarnos el formidable apetito lector.

Pasan los años y nosotros cambiamos físicamente pero nuestra forma de leer casi siempre es la misma: desde las primeras hasta las últimas páginas. Si no nos gusta el texto cuesta trabajo abandonarlo y cuando se hace se queda un ligero cargo de conciencia o, mejor dicho, una curiosidad por saber si quizá hojas más adelante la historia mejorará. Cerrar el libro sin terminar de leerlo es toda una “irreverencia”. No obstante, Pennac sugiere relajar nuestra forma de leer.

Si hubiera sabido que saltarme las páginas era mi derecho como lectora, quizá el sentimiento de culpa habría sido menor y hasta me hubiera ahorrado muchas desveladas cuando era estudiante. Eso era lo que pensaba inicialmente; sin embargo, al pensarlo mejor y seguir leyendo a Pennac comprendí que no se trataba solo de brincarme las hojas porque sí, sino que hay fragmentos de textos, como las novelas, que pueden omitirse y se podría pensar que no te pierdes de nada.

Eso me pasó cuando leí Demasiado amor de Sara Sefchovich. Es una novela que podría dividirse en dos: la primera parte es la historia de unas hermanas que se mantienen en comunicación mediante cartas; la segunda es el relato de una de ellas que cuenta de manera detallada los lugares que conoce, la comida que prueba y las actividades que realiza.

Sus descripciones comenzaron a aburrirme y me interesó más el contacto epistolar entre las hermanas. Definitivamente no iba a dejar el libro de Sara Sefchovich, pero tampoco tenía por qué padecerlo, así que decidí brincarme todas las descripciones y leí solamente las cartas. Al terminar el libro y mucho tiempo después sentí que no me perdí de nada al haberme brincado las hojas; la inquietud llegó al compartir mi lectura con otras personas.

Los lectores de Demasiado amor que me encontré inevitablemente hicieron referencias a las descripciones que decidí no leer. Sin excepción, todos me dijeron que les gustó más la parte descriptiva que la epistolar. Entonces, ¿hice mal en saltarme las páginas? No lo creo, de no haberlo hecho hubiera dejado el libro. Ahora tengo la oportunidad de volver a leerlo completo, pero… creo que me quedaré con mi lectura. Y, usted, ¿se ha atrevido a saltarse páginas sin sentimiento de culpa?

¿Qué hacer en la semana?

“Estertor” del artista argentino Máximo González, es una de las exposiciones de mayor éxito que ha tenido en los últimos años la Galería de Arte Contemporáneo del Instituto Veracruzano de la Cultura. Desde que la Galería abre sus puertas recibe a visitantes de todas las edades; todos con una expresión de asombro y una especie de alegría por sentirse atrapados en los mundos perfectos o los que se quedaron sin aliento.

Esta es la última semana de exhibición de la muestra de Máximo González, que incluye instalaciones como “Herencia”, la cual consta de un camino de platos que cuentan una historia. El horario de visita es de martes a domingo, de 10:00 a 19:00 horas, con entrada gratuita, la Galería se encuentra en Xalapeños Ilustres 135, en el Centro de Xalapa. Le advierto que al entrar no podrá resistir la tentación de tomarse una foto, así que vaya preparado con cámara en mano.  

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Alma Espinosa

Es originaria del Distrito Federal y desde hace más de una década radica en Xalapa. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Estudió la especialidad en la Enseñanza de la lengua y la literatura en la Universidad Pedagógica Nacional Unidad Xalapa, donde actualmente es docente. Es egresada de la maestría en Literatura mexicana por la Universidad Veracruzana.

Actualmente cursa el diplomado para la Profesionalización de mediadores de lectura por la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco. Es mediadora del Programa Nacional Salas de Lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Ha impartido talleres relacionados con el tema de la lectura y la escritura, y desde hace dos años es una de las mediadoras que dirige la sala de lectura Equinoccios.

Como periodista ha trabajado en el Instituto Mexicano de la Radio, el periódico U2000. Crónica de la educación superior, y el Departamento de Prensa de la Universidad Veracruzana. Fue gestora cultural en la USBI Xalapa. Actualmente colabora en el área de Comunicación Social del Instituto Veracruzano de la Cultura.