Javier Duarte: ¿no que el dedo era yo?

  • Mussio Cárdenas Arellano

Mitómano, lenguaraz, Javier Duarte habla sólo por hablar. Enreda en la sucesión a Enrique Peña Nieto, lo usa, presume que le ha sido dado todo poder de lo alto, investido como el dedo elector de Veracruz, agrio con los Yunes rojos. Y al final, el PRI lo manda al diablo.

Viernes negro el del gobernador, rebasado con un golpe mediático que hace trizas sus alardes de poder, la tónica de su discurso, la suplantación de la cúpula priista y el desdén a su líder nacional, Manlio Fabio Beltrones Rivera, alias Don Beltrone, ninguneado tras el Pacto de San Julián.

Viernes 18. Al filo del mediodía lanza el periodista Edgar Hernández un avance de lo será la resolución del caso Veracruz. Desliza la primicia, obtenida de los labios de Don Beltrone, y señala a senador Héctor Yunes Landa, inminente candidato del PRI.

Titula Edgar Hernández lo que sería el avance de su columna Línea Caliente: “¡¡¡Es Héctor!!!”.

Enfático dice que la decisión es cupular y que la acata Javier Duarte y que a ella se suma el otro senador, Pepe Yunes Zorrilla, que por segunda ocasión se queda con las ganas de ser gobernador.

“No es lo mismo ser que querer ser”, se ufanaba Javier Duarte ante un grupo de periodistas —diciembre 1— cuando reveló que Peña Nieto le había encargado la sucesión, por delante la nominación del candidato priista.

Superlativa, su mitomanía se unía a sus desplantes paranoias:

“En el tema de la sucesión me dijo: Javier, nunca me has fallado, pero esta es la decisión más importante de tu vida, no te puedes equivocar, con lo cual me está dando la gran responsabilidad”.

Luego expresaría, quizá en su juicio, quizá no:

“Dejo que todos participen, no estoy siendo obstáculo. Está la carrera interna y en enero se determinará quién va a participar, y eso de las encuestas es una mama... Pepe está muy por encima de cualquier otro. La encuesta es una fotografía del momento, pero se tienen que tomar en cuenta también otros factores, quién genera consenso”.

Extraviada la brújula, Javier Duarte no leyó bien las señales. De todos los aspirantes, el más rijoso es Héctor Yunes, el que menos genera consenso es Héctor Yunes, el que promete atrapar peces gordos cordobeses es Héctor Yunes.

“Héctor Yunes Landa —precisaba Edgar Hernández en el avance de Línea Caliente— será el ‘candidato de la unidad’ del PRI al gobierno del estado de Veracruz para el bienio 2016-2018, confirmó el Comité Ejecutivo Nacional de este partido que encabeza Manlio Fabio Beltrones.

“En los próximos días serán convocados el primer priista de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, el presidente del CEN priista, Manlio Fabio Beltrones y los dos senadores, Héctor Yunes Landa y Pepe Yunes, con quienes ya se consensuó, para oficializar la decisión que se hará pública el miércoles 13 de enero del 2016”.

Horas después, en la FM de Veracruz detallaría Edgar Hernández cómo obtuvo la primicia, qué pasos se darían para aterrizar la candidatura a favor del senador oriundo de Soledad de Doblado y cuál fue la posición de Javier Duarte.

Destape o madruguete, precisaba que un día antes había acudido a la sede nacional priista, en la ciudad de México, y abordó a Manlio Fabio Beltrones en los pasillos del PRI. Añeja su amistad, su trato cordial, su confianza sin fisuras.

Ahí le explicó Don Beltrone que luego de consensuar la aspiración de Héctor Yunes Landa, el PRI nacional determinó que sería su postulación la que se valoraría en la convención de delegados a celebrarse el 13 de enero de 2016.

“Me entero en un cruce, en un saludo. Yo vengo aquí, a la ciudad de México. Vengo a Insurgentes número 50. Ya entrada la noche —jueves 17—, platicando muy brevemente con Manlio Fabio Beltrones me hace el comentario.

“Uno no es una cajita de guardar secretos —agrega—. Yo tengo un prestigio como periodista de más de 40 años, no para tirar un petardos ni para tirar una información al azar, sino simple y sencillamente para dar por bueno algo que ya platicaron.

“El presidente Enrique Peña Nieto, me comenta el licenciado Beltrones, habrá de llamar al ciudadano gobernador Javier Duarte. Habrá de llamar a los dos senadores y también estará presente Manlio Fabio Beltrones, a quienes les preguntará por quién se pronuncian ustedes por la candidatura al gobierno 2016-2018, y ellos se sumarán a la propuesta de Héctor Yunes Landa.

“Ahora estamos cumpliendo el rito de lo que se llama comúnmente el ‘destape’ de Héctor Yunes Landa”.

En otra parte de la entrevista, Edgar Hernández puntualiza:

“He tenido también la oportunidad de platicar con José Francisco Yunes Zorrilla, quien dice que se suma a la propuesta de Héctor Yunes Landa de candidato del PRI al gobierno de Veracruz.

“He tenido el comentario de que el ciudadano gobernador, Javier Duarte, se pronuncia por el candidato de unidad. No he tenido oportunidad de hablar con Alberto Silva Ramos”.

Y concreta:

”Se cierra este capítulo que despertó una enorme especulación”.

¿Dónde se perdió Javier Duarte, el autoungido, el dedo elector por decisión de Peña Nieto, según vociferaba, el que iba a conducir la sucesión, el que designaría al candidato del PRI, a un duartista o a un fidelista, remotamente a un Yunes rojo? ¿Dónde?

Pasó la decisión por el PRI nacional y por Los Pinos. Ahí, el presidente Enrique Peña Nieto —agregó Edgar Hernández— agradecerá a Héctor y Pepe Yunes, así como al gobernador Javier Duarte, haber llegado a esa conclusión.

Acata Javier Duarte, sostiene Edgar Hernández, pero no el Pato de Tuxpan, alias Alberto Silva Ramos, líder estatal del PRI, reacio a admitir que el caso Veracruz se da cuando el duartismo ha contaminado con todo el camino de los Yunes rojos.

Refuta Silva Ramos, el sábado 19. Dice que es un albazo y no lo avala.

“Rechazo cualquier versión de albazos, o destapes anticipados que tienen origen en otros lados y que buscan romper esa unidad que existe entre los priístas.

“Los tiempos los tenemos claros y en su momento habremos de tener un candidato de unidad que sea avalado por la militancia a través del método que en el pasado Consejo Político determinamos para la elección de nuestro candidato.

“Todo lo que se diga de más en este sentido es parte del folklor jarocho propio de los tiempos previos a la selección del candidato y a la especulación de algunos personajes que reflejan el ánimo de triunfo que existe al interior de nuestras filas”.

Albazo o no, el destape de Héctor Yunes sumió en el silencio a Javier Duarte, electrizado ante el manotazo presidencial que situó a Beltrones como el operador del caso Veracruz y desestimó al gobernador de Veracruz como el dedo elector que intentó imponer a su sucesor, destruida su mentira, su falso pontificado, la investidura que nunca le dio Peña Nieto.

Asumió que era el dedo elector. Acudió al lenguaje vulgar, plagado de epítetos para ningunear a sus adversarios, a los Yunes rojos.

Tildó de “mamadas” las encuestas, método que proponía Yunes Landa para elegir al candidato del PRI al minigobierno de dos años, en las que supuestamente marcha a la cabeza. Y ahora el candidato de las “mamadas” será su posible sucesor.

Incurrió Javier Duarte en desfiguros y balandronadas, loca la lengua, alardeando que sería él quien decidiría quién de los aspirantes alcanzaría la nominación.

Lo peor fue haber usado el nombre de Peña Nieto.

Ya se autodefinió mandilón. Ahora se revela descaradamente mitómano.

Archivo muerto

Pepe Yunes calla y Héctor Yunes avasalla. Le ofrece el senador nacido en Soledad de Doblado a Javier Duarte que no lo defenderá, que si llega a candidato a gobernador no meterá las manos al fuego por él. “Yo tengo que defender a la sociedad veracruzana. Es la única que tengo que defender”, sostiene el choleño. ¿Y al gobierno de Javier Duarte? “A la sociedad veracruzana es a la única que tengo que defender. Mi único compromiso es con la sociedad veracruzana”. O sea, que con Miguel Ángel Yunes Linares, el panista, o con Héctor Yunes Landa, el priista, lo que le espera al actual gobernador de Veracruz es la cárcel. O lo que es lo mismo, el gordobés ya se jodió… ¿Qué tan cierto es que a los regidores de Coatzacoalcos, los alineados, los lacayos, les tocaron 750 mil pesos entre salario, aguinaldo, bono de “productividad” trimestral y bono anual? No a todos. Sostienen los panistas que para ellos hubo miseria, que no participaron de la rapiña, que les cobraron que increparan la conformación de la Comisión de Desarrollo Social con tufo a PRI, que de vez en cuando desentonaran en sesiones de cabildo. Cuentan los panistas que a sus colegas regidores del PRI y anexas les fue mejor. No saben si alcanzaron los 750 mil. No saben si es el premio a la sumisión, al silencio, a la complicidad. Pero de que les fue bien, les fue… Lupe Porras —Lu-pilla— era, sin duda, lo peor que le había ocurrido a Minatitlán. Pues no. Llegó Leopoldo Torres Hernández a la alcaldía y aquello fue un aquelarre financiero. Lupe Porras incurrió en un desfalco de 14 millones de pesos, maquillados sus otros pecados por el Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Veracruz, el saqueo vía el Puente Capoacán, las cuentas públicas que arrojaban 500 millones observados. De todo la libró la mano fidelista, cómplice y solapadora con una del clan, operadora de votos, de entrega de prebendas, custodia del búnker en que resguardaba el arsenal para comprarle la conciencia a los minatitlecos. Se fue con un desfalco de 14 millones de pesos que su sucesor, Leopoldo Torres, cubrió. Y cuando Polo Torres se marchó, el pecado fue mucho mayor, cercano a los 100 millones de pesos, injustificable, muestra del despilfarro y el uso del dinero público para lo que sea, menos para el desarrollo de Minatitlán. En dos años aún no se cubre el boquete, pero por lo pronto el alcalde de adorno, Héctor Cheng Barragán, observa cómo el tesorero Saúl Wade León, el alcalde real, va construyendo su propio desfalco. Hay, por lo menos, ocho compañías constructoras que se están llevando todo porque así lo decide L’enfant terrible, Saúl Wade León, hechura de su mamá, doña Reyna León Cheluja… ¿Cuántos fueron, Keren? ¿4 mil dólares? O sea, 70 mil pesos para gastar en McAllen, en las garritas que se habría de poner en tan memorable ocasión. 4 mil dólares mientras a los empleados los corre, o les paga una miseria, o le renuncian, o los explota. Como diría El Peje: gobernante rico, pueblo pobre…

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