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Mal y de malas...

Pues así está mi Gober mío de mi...mal y de malas.

Hace meses que todo se complica. En algunas ocasiones son los hechos, la realidad, en otras son sus declaraciones.

El discurso positivo, triunfalista, para minimizar, nada más no ha funcionado. Han ocurrido tantas cosas que el discurso ya suena cínico, burlón, desgastado.

El discurso en materia de seguridad ha sido desafortunado.

Es un hecho que no hay manera de frenar a los delincuentes organizados porque no han querido hacerlo en el nivel federal y menos en el local.

Los desorganizados aprovechan los huecos, la desatención, la incapacidad y van por la vida asaltando y robando lo que pueden.

Generalmente la muerte de un o una persona joven es sometida al descrédito, a la criminalización de la víctima. Son asesinados porque estaban metidos en el delito o se portaban mal, o tenían una relación pésima, eso se dice.

Se merecen la muerte, ese es el mensaje y no se investiga más. No se admite que hay incapacidad para detener y procesar a los delincuentes, a los responsables de tales crímenes.

Ahora, el Gobierno de Veracruz se enfrenta a un hecho que se eleva por encima del colmo.  Desaparecieron cinco jóvenes y se presume que los responsables son elementos de la SSP.

No, no pueden decir que se portaban mal, que andaban en malos pasos, que eran novios de algún malo. No pueden desacreditar a las víctimas, no pueden culpar a uno de ellos como el autor-cómplice de un secuestro.

¿Qué van a decir, cómo van a justificar su incapacidad? ¿Cómo van a hablar sobre el uso de las redes como responsables de una mala percepción de inseguridad? ¿Cómo van a decir que la inseguridad es una percepción psicológica?

Son cinco jóvenes cuyas familias están devastadas, con el corazón abierto a la esperanza de encontrarlos vivos y sanos.

Cinco jóvenes, cinco jóvenes desaparecidos en tierras veracruzanas, en el estado que "ya cambió", en el que se combate al crimen y a la impunidad.

Cinco jóvenes trabajadores, fiesteros, contentos con la vida.

¡Ah! mi Gober mío de mi giró instrucciones para que se le diera celeridad a las investigaciones.

¡Ah! ¿No le hicieron caso? En la Fiscalía, el titular dijo que no sabía si los policías que podrían estar involucrados habían pasado los exámenes de certificación y confianza. ¡¡No sabía!! Y es la hora que no saben.

¿La SSP tiene base de datos de los policías que pasaron el examen y los que no, o no la tienen? Quién sabe, pero no se lo dijo a la Fiscalía o hay fallas en la comunicación.

Es el colmo que se diga que esos policías detenidos y consignados tengan relaciones con la delincuencia organizada y peor que se presuma que esos policías les entregaron a los jóvenes.

Este es un caso parecido al de Ayotzinapa.

Las familias demandan en medio de la lluvia, el frío, la noche y el dolor, que se los entreguen vivos porque vivos se los llevaron.

La respuesta del Gobernador de Veracruz Javier Duarte de Ochoa no puede ser más patética e insensible:  "Tenemos un caso en Tierra Blanca que lamentablemente en materia de seguridad pueden hacerse 99 cosas bien y con que una salga mal, ese es el tema como es el caso que hoy nos obliga a estar atentos y pendientes".

Como para demostrarle que no es sólo una cosa la que sale mal, seis cuerpos de personas fueron encontrados en dos municipios de la entidad, tres en Emiliano Zapata (conturbado a la capital Xalapa) y 3 en Maltrata (en el centro del estado).

Ya pasó una semana de la desaparición de los cuatro jóvenes y una menor de 16 años y no hay rastros de ellos con todo y los policías confesos.

Así está la realidad veracruzana: mal y de malas.