El rosa no es como lo pintan

  • Silvia Susana Jácome G.

La historia es una burda caricatura que no refleja, ni de lejos, la realidad. Dos hombres homosexuales –uno de ellos desde el estereotipo del amaneramiento a más no poder- viven juntos y adoptan un hijo.

Los padres son violentos, alcohólicos e irresponsables. El chico sufre todo tipo de burlas y vejaciones a causa de tener dos padres “maricones”, tal como se menciona en la cinta. Pero no sólo eso, a causa de la orientación sexual de sus padres, el muchacho “hereda” la homosexualidad y se vuelve uno más de los gays que la película ridiculiza.

Un día, luego de que la pareja se separa, el gay “amanerado” platica con un taxista y se convierte al cristianismo. Jesús lo cura de su homosexualidad y, arrepentido, le pide perdón a su hijo y le dice que va a cambiar. Pero es demasiado tarde, el castigo divino por sus comportamientos desviados ya estaba en marcha. La pareja regresa su pareja para decirle que tiene sida y que, obviamente, él también está infectado.

Así, a grandes rasgos, es la historia que el director Francisco del Toro cuenta en pantalla con un fin muy claro: alertar a la población con respecto a la “aberración” que significa el matrimonio homosexual y el “enorme daño” que se le puede hacer a las criaturas si se opta por la adopción.

No es la primera película de Del Toro –no confundir con Guillermo del Toro, ese sí, director profesional y creador de cintas como “El laberinto del fauno”- años atrás nos ofreció una historia misógina llamada “Cicatrices”. Esa sí la vi –desconocía la moralina del director- y me dejó un pésimo sabor de boca. “Cicatrices” es la historia de una mujer que sufre violencia por parte de su marido, pero todo lo soporta con tal de no destruir a la familia, hasta que un día su hijo pequeño se cae de la azotea y muere, lo que provoca el arrepentimiento del marido y que gracias a la intervención divina dejé atrás la violencia. Más que una película, parecía un capítulo más de “La rosa de Guadalupe”.

Y ahora lanza esta película que, desde el nombre -“Pink”- refleja todos los estereotipos que suelen acompañar a la condición homosexual.

Confieso que no le he visto, pero con el tráiler, y con una entrevista que Ciro Gómez Leyva le hizo al director, es más que suficiente para saber que las intenciones de Francisco del Toro no fueron hacer una propuesta cinematográfica sino ofrecer un discurso moralino que, desgraciadamente, está teniendo eco en ciertos fanatismos religiosos. Por ahí anda circulando un video en donde se ve a jóvenes brincando y entonando cánticos religiosos afuera del cine en donde se exhibe la película. Tienen todo el derecho del mundo, desde luego, lo grave es que de esas expresiones a la violencia en contra de personas homosexuales sólo hay un paso. Y eso, la violencia, sí es grave.

Algunas organizaciones de la diversidad sexual hicieron circular un escrito a través de las redes sociales en donde se pedía a la Secretaría de Gobernación prohibiera la exhibición de la cinta. Yo no firmé ni estoy de acuerdo en que la prohibición sea la solución. Y es que si ahora se prohíbe “Pink”, mañana cualquiera se sentirá con derecho a pedir que se prohíba “La chica danesa”,  “Secreto en la montaña” o “Cuatro lunas”. No, la solución no está en la censura ni en limitar la libertad de expresión. El camino, más bien, está en ofrecer información basada en evidencia científica y en desmontar las muchas trampas de que se vale esta historia para tratar de imponer una moralidad que puede ser muy respetable cuando se vive de manera privada, pero que es grave, insisto, cuando se trata de imponer y cuando la burla y el odio son la respuesta a quienes no comulgan –textualmente- con esas ideologías.

Y en este punto, en el tema de la promoción al odio y la discriminación, es cuando sí es necesario intervenir. De hecho se presentaron quejas ante el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación en la Ciudad de México (Copred). La respuesta de la institución fue muy clara: “Si bien su exhibición puede estar amparada por el derecho a la libertad de expresión, también es cierto que de los cortos del mismo, se desprenden posturas contrarias a los principios de igualdad y no discriminación, entre ellos la reiterada ridiculización y el constante reforzamiento de estereotipos”.

La otra vía, decíamos, es el señalamiento de las trampas en las que cae la película. La historia muestra que, además de homosexuales, los padres adoptivos son irresponsables y asiduos consumidores de drogas y alcohol. Claro que ese sí es un elemento que pudiera repercutir en el desarrollo de la criatura, pero el problema es la irresponsabilidad y el consumo de estas sustancias, no su orientación sexual. O dicho de otra manera: si un papá y una mamá heterosexuales fueran igualmente irresponsables y asiduos consumidores de drogas y alcohol, ¿estarían en posibilidad de ser buenos padres? Desde luego que no. Y queda claro que dos hombres –o dos mujeres- responsables y amorosos serían una mejor opción para las criaturas. Pero con un burdo sofisma se quiere hacer creer que dos hombres jamás podrán ser una buena opción para la crianza de un niño.

Hay evidencias que demuestran que el género y la orientación sexual de los padres, por sí mismas, no ponen en desventaja a las criaturas. Numerosos estudios así lo demuestran. Uno de ellos fue realizado por la UNAM a petición de los ministros de la Suprema Corte de Justicia cuando algunas organizaciones conservadoras pidieron a la institución declarara inconstitucional el derecho de adopción a parejas homoparentales en la Ciudad de México. La conclusión derivada de los estudios de la máxima Casa de Estudios señalan “el interés superior de los menores consiste en su bienestar físico-mental, así como en el derecho a tener una familia o ser reintegrados en una familia cuando carecen de ella. Tanto las familias heteroparentales como las homoparentales pueden ofrecer las condiciones adecuadas para criar, cuidar y educar a niños (as) huérfanos o abandonados”.

Otro estereotipo que se desmonta muy fácilmente es la afirmación de que el niño va a “heredar” la homosexualidad de sus padres adoptivos. Es totalmente falso. La posibilidad de que un niño sea gay es la misma cuando se tienen padres homosexuales o heterosexuales. Si la orientación sexual se heredara, prácticamente no habría homosexuales ya que la gran mayoría de ellos provienen de familias en donde hay un papá y una mamá heterosexuales, y no heredaron esa heterosexualidad.

Por lo demás, la película tiene graves inconsistencias. ¿Cómo es posible que se permita la adopción a una pareja que, como dijimos, independientemente de su orientación sexual, es irresponsable y adicta al consumo de drogas y alcohol?

Y el tema del sida. Otra vez el estigma de que es una infección propia de personas homosexuales y, casi casi, destino fatal y necesario. Cuando la evidencia ha demostrado que muchas personas heterosexuales están adquiriendo el VIH por vía sexual. En fin, una película que el tiempo se encargará de poner en el olvido. Lo grave es que mientras eso ocurre no faltará quien, sin un sentido crítico, crea a pie juntillas lo que ahí se dice y siga violentando y fomentando el odio hacia un sector que lo único que busca es contar con los mismos derechos que el resto de la población. Afortunadamente, por una película chatarra como esta, hay muchas más que abordan el tema de la diversidad sexogenérica con mucho respeto. Es el caso de “La chica danesa”, “Carol”, “Secreto en la montaña”, “Los chicos no lloran”, “Milk” y muchas más. (silviasusanajacome@outlook.com)