Pacto en Veracruz

  • Roberto Rock

Voluntades diversas, acaso inducidas desde la capital del país, se expresaron el pasado sábado 16 en una discreta reunión en Xalapa, específicamente en Casa Veracruz  –la residencia oficial del gobernador –, que selló un acuerdo entre bloques políticos en el PRI, donde cada facción debió tragar afrentas y replegar intereses.

  El resultado del encuentro ha empezado a imponer un viraje en la correlación de fuerzas que hasta hace apenas unas semanas parecía anticipar por vez primera una alternancia partidista al frente del estado. A este cambio de señales colabora también la fragmentación y debilidad exhibida por el bloque opositor PAN-PRD.

            La reunión tuvo como protagonistas centrales al gobernador priísta Javier Duarte; a Ranulfo Márquez y Jorge Moreno, operadores clave del candidato oficial, Héctor Yunes Landa, y a éste mismo, mediante un enlace telefónico, de acuerdo con fuentes confiables. También acudieron Amadeo Flores, dirigente del PRI local, y Flavino Ríos, secretario de Gobierno.

Yunes Landa y Duarte, sobra decirlo, intercambiaron durante el año previo alusiones venenosas y agravios públicos, que seguramente les costará olvidar. Pero debe asumirse que para ambos sería más costosa una derrota del PRI que el gusto de una revancha sobre el otro.      

Tras este coloquio se lanzó una estrategia de último minuto para reconfigurar la postulación de candidatos a la Cámara local y otras posiciones –no sólo las fórmulas priístas y las de sus aliados, especialmente el Partido Verde, sino también cargos locales y federales-, a fin de alinear intereses de grupos priístas que marchaban ya con rumbos opuestos, polarizados entre Duarte y Yunes Landa.

El telón de fondo lo ofrecían las encuestas levantadas hace apenas dos semanas, en la víspera del arranque de campañas por la gubernatura, en las que el candidato del bloque opositor, Miguel Ángel Yunes Linares, apareció con al menos siete puntos de ventaja sobre su adversario, y primo hermano, Yunes Landa.

Hasta anoche, los listados extraoficiales revelaban que tras el pacto referido,  Yunes Landa debió ceder posiciones que había comprometido a incondicionales, como su sobrino Eduardo “Toto” Vega Yunes, que será sustituido como aspirarte a diputado por Ana Rosa Valdés, ex alcaldesa y cercana a Duarte. Vega sin embargo, asumiría la delegación de Sedatu, una cortesía impensable si el acuerdo general no estuviera alentado desde la administración Peña Nieto y el PRI de Manlio Fabio Beltrones, promotor esencial de Yunes Landa.   

Duarte proyectará a otros suyos, como al subsecretario de Finanzas, Juan Manuel Castillo, al que se postulará por un distrito de Córdoba, y en Acayucan colará a Antonio Curi Curi, hijo de un empresario futbolístico. A ello se suma un largo listado que incluye a diversos personajes cuya trayectoria los liga al ex gobernador Fidel Herrera –en Xalapa, Cosamaloapan o Las Choapas, entre otros-, o que representan posiciones para líderes obreros, ferrocarrileros o campesinos.

En este último sector destacan favorecidos del dirigente de la CNC, Juan Carlos Molina, identificado como mecenas de la campaña de Yunes Landa. Cómo serán de profundos los bolsillos del señor Molina, que también se le presenta como auspiciador de la inminente campaña de una popular conductora local de Televisa, Araceli Baisbal, para un distrito del puerto de Veracruz.  

En la acera opuesta, el bloque opositor PAN-PRD vive horas amargas. Mientras el PRI logró subir a su carro a otros cuatro partidos –dos de ellos locales-, el perredismo fracasó en atraer a Movimiento Ciudadano –cuyo líder, Dante Delgado, es veracruzano y enemigo histórico de Yunes Linares-, o al Partido del Trabajo, el cual postuló a una reconocida panista, Alba Leonila Méndez, ex alcaldesa con fama de valiente –llegó a perseguir a narcos apoyada por un puñado de policías municipales- y amiga personal de la ex pareja presidencial Felipe Calderón y Margarita Zavala.

La ruta de esta mujer -panista notable que tomó distancia de Yunes Linares- ha sido explicada como producto de la seducción del PRI y del gobernador Duarte. Sin que ello deba ser descartado, existe un fenómeno más complejo. Otros líderes blanquiazules, como Juan Bueno Torio, ex senador y colaborador foxista; Gerardo Buganza, ex candidato y ex diputado federal, o Víctor Alejandro “Pipo” Cueva, marcan una diáspora panista que tiene motivaciones adicionales.

Yunes Linares, otrora priísta y operador de la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo –con la que eventualmente rompió-, fue impulsado por Felipe Calderón desde 2006 como el panista con más poder en Veracruz. Pero el año pasado, en un acuerdo con el nuevo dirigente del PAN, Ricardo Anaya, no dudó en ocupar la posición preferencial que en la lista para diputados plurinominales federales de la actual legislatura le debió haber correspondido a Margarita Zavala.

La alianza Yunes Linares con Anaya lo ha llevado a enfrentarse también con otro polo del panismo, el gobernador panista de Puebla, Rafael Moreno Valle, cuyo equipo no parece seguir con entusiasmo la causa de aquél y habría enfocado su estructura de apoyos hacia otras latitudes.

Si la tendencia que están marcando los hechos se preserva, Veracruz deberá esperar más –la nueva elección es en dos años- antes de conocer el sabor de la alternancia. Será deseable que, en su momento, cada quien se haga cargo de sus méritos y responsabilidades.(rockroberto@gmail.com).