Relatos salvajes

  • Agustín Güiris
Expiación de pecados ajenos que requieren de un grito mayúsculo para intentar balancear su mundo.

Relatos Salvajes

 (Damián Szifron, 2014)

A base de coloridas viñetas, Relatos Salvajes nos regala un balcón abierto a la purga y la liberación malsana donde la ira es el tono: la sombra y la luz en los actos más sensibles de sus personajes, individuos comunes cuyo sentido del amor, esperanza, veracidad y belleza quedan relegados por el desahogo, la distracción y el regocijo; cuyos enceres, oficios y deseos se tornan parte de un terreno donde el furor y la furia se traducen en felicidad: expiación de pecados ajenos que requieren de un grito mayúsculo para intentar balancear su mundo.

Los variopintos retratos que se reparten en el metraje de esta cinta coral socavan en caminos donde las mangas se ensucian con orgullosas cicatrices que enmarcan la orientación propia de la naturaleza humana, aquella que se aclama en el lado más profundo del ser. La misma que se esconde en los recovecos donde se acallan los más ansiados anhelos.

La honesta brutalidad que maneja Szifron refleja la bestialidad propia de nuestro día a día. Irradia nuestras ansias y detonaciones de estrés, equipara los elementos con garbo y una atrayente elocuencia bajo un estado de comicidad que aligera la carga y desencuadra los factores de impotencia y temor. La implicación que logra es tal que todo espectador habrá de encontrarse en alguna de las personalidades a tratar. Y hallada ya la arista en que se abata, no encontrará más rumbo que el otorgado, acaso haber querido un empalme más, planeado de mejor manera el trazo o bien sentirse discrepante en el vacilante y estéril juego de la justicia que se pone en práctica desde los primeros minutos. Pero hay que decirlo, sí, ello es en gran parte el objetivo que tiene esta colección de atroces desvaríos. Es la seducción que nos atrae a cada segundo de su encadenado hasta ya no querer detenerlo más… O bueno, quizá sólo hasta que es ya demasiado tarde.

Seis son los cortometrajes que conforman un escenario cuya amalgama es el divertido resultante de la esterilidad anímica, de los desalmados pensamientos ocultos que salen a flote en un ejercicio de inventiva e improvisación organizada; un caos ordenado que hará verter sangre y ceniza en la pantalla. Hablamos de un proyecto que abarca tanto a personajes como audiencia. Tanto discurso como realizadores.

David Szifron logra tejer de buena manera un insano sentido del humor que atrapa con franqueza y da las libertades pertinentes para que cada historia se reparta el nocivo y cautivante tablero de juego. Uno de sus más grandes aciertos está en no unir las historias; organizar un pequeño universo donde algunos –o todos– los personajes se encuentren o topen en algún lado. La emancipación de estos relatos sobre los otros les permite respirar a sus anchas, pertenecerse a un campo emotivo específico y no perderse. Su andar no tiene avales ni deberes que no le pertenezcan. Sus espacios técnicos igualmente se pueden maquillar con cada historia y dejarnos revivir los temas de zozobra y ajustes de cuenta que, a bien, son los que en verdad unen y concretan esto como un largometraje.

La fotografía de Javier Juia se da apertura a distintas texturas, colores y formas. Su cámara, aunque constante, sirve a cada célula de la mejor manera posible; su resultado es pulcro y delicado al igual que el montaje de Pablo Barbieri y el propio Szifron. La oportunidad de re-inventarse al cien es manejada con cautela y el trabajo en estos elementos técnicos logra el ideal equilibrio. Si bien hay libertad, el vicio y exageración no aparece en algún momento. El cálculo de las tramas, duraciones y grados de verosimilitud es preciso y hace del ritmo algo sutil. La partirura de Santaolalla, por otro lado, maneja a cuidado las atmósferas y ayuda a unificar los bloques de un muro que se construye acaecidamente frente a nosotros.

Los Relatos Salvajes de Damián Szifron, pues, son un escape, un espejo y una verdad que tanto se acomoda como logra incomodar. Es un trayecto que debe ser andado para que la antimoral medicina surta efecto. Es una travesía que explota a cada momento y que divierte. Entretiene con el dolo y la impotencia; es la montaña que todos los días se levanta ante nosotros y que se debe cruzar mediante un bosque de irregularidades que pertenecen siempre al campo humano. Es un escenario que de existir, ténganlo por seguro, haría que las carcajadas y el sentido de la muerte vendrían saliendo más económico y sincero.

Relatos Salvajes de Damián Szifron

Calificación: 3.5 de 5 (Muy Buena).

Sigue al autor en Twitter: @FrippZappa

Consulta su blog: Yo no pedí que fuera así

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Agustín Güiris

Realizador independiente y profesor de cine en diversas instituciones. Realizó un Master en Dirección Cinematográfica en España y ha dirigido y producido cortos de ficción y diversos proyectos de documental.