AMLO y la disputa por los maestros

  • Roberto Rock
El “memorándum” presidencial de la semana pasada perseguiría apenas un recurso para ganar tiempo.

Más allá del impacto de la reforma educativa del gobierno Peña Nieto aprobada entre 2013 y 2014, la batalla abierta por el presidente López Obrador se explica por una disputa soterrada por la base política que representan más de dos millones de docentes y su influencia sobre decena de millones de alumnos y sus familias en todo el país.

López Obrador ha dado cuenta de alianzas con la ex dirigente Elba Esther Gordillo, pero también de movimientos magisteriales disidentes. El “memorándum” presidencial de la semana pasada perseguiría apenas un recurso para ganar tiempo. El peso del desgaste que ello tendrá será cargado tanto por el mandatario como por su secretario de Educación, Esteban Moctezuma.

El pacto implícito entre López Obrador y estos grupos solo puede ser entendido, aunque pálidamente, con el sellado en febrero de 1988 entre el entonces también candidato presidencial Carlos Salinas de Gortari con la dirigencia del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).

A la luz de este nuevo orden de cosas entre el gobierno López Obrador y los grupos magisteriales, los ejes de la discusión parecen haber cambiado. En la pasada administración se buscó despojar al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) de la injerencia que había cobrado sobre el manejo de los recursos financieros destinados a la educación. El símbolo de ello fue el encarcelamiento de la dirigente Elba Esther Gordillo, en febrero de 2013.

Se asumía que, una vez consumado este paso, se avanzaría sobre un nuevo modelo educativo, pues debían modificarse los contenidos y “modernizarlos” hacia un modelo que estaba ya en la mesa tras el debate desarrollado durante años por sectores empresariales y un espectro mediático que tuvo en su centro a la empresa Televisa. Tras ganarse la batalla por los dineros, sería más fácil vencer en la guerra por las conciencias.

Representaba una amarga ironía que los nuevos apóstoles de la educación fueran empresarios agrupados en torno a Claudio X González y su hijo, del mismo nombre. El primero, una especie de líder moral del Consejo Mexicano de Negocios, símbolo de la concentración del poder económico, que deposita en 35 familias 43% del ingreso nacional y 28% del PIB, según múltiples estudios.

Sin embargo, la ausencia de la lideresa Gordillo generó un vacío de poder que estuvo lejos de ser llenado por el nuevo guía formal del SNTE, Juan Díaz, que se reveló como un hombre de paja del entonces secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, y del subsecretario Luis Miranda, personaje rústico, pero uno de los hombres más cercanos a Peña Nieto.

La falta de pericia política empantanó todo el proceso, cobró la cabeza del a la sazón secretario de Educación, Emilio Chuayffet y abrió un flanco para el crecimiento desaforado de la disidencia sindical englobada en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que, de actuar tradicionalmente en tres o cuatro estados, notoriamente acotada, cobró presencia en una veintena de ellos. Los intentos por someterla solo demostraron ignorancia sobre las destrezas políticas de esta agrupación, con casi 80 mil afiliados solo en Oaxaca, vasos comunicantes con grupos guerrilleros y una afinada estrategia de inspiración maoísta que supone un círculo eterno de movilización-negociación-conquistas-movilización. En las puertas de ese infierno nos encontramos de nuevo.

Apuntes: Languidece el Caribe mexicano, una franja de 80 kilómetros en la costa de Quintana Roo que atrae el mayor flujo de divisas turísticas del país. El sector reportará una profunda caída en ocupación hotelera en este periodo de Semana Mayor, pese a que sus tarifas son hoy 25% menores que en el mismo periodo del año pasado. Se estima que, en los últimos seis meses, 1.7 millones de viajeros menos llegaron a la zona por avión provenientes de Estados Unidos y Canadá, los dos principales mercados internacionales de la región. Todos ellos fueron en pos de aguas cálida y playas blancas, pero en otros destinos, como las Bahamas, Puerto Rico, República Dominicana o Puerto Rico. Nadie sabe si regresarán pronto. Cada vez hay mayor claridad sobre las causas. Las encuestas entre visitantes se revelan que éstos se dicen ahuyentados de Cancún, la Rivera Maya y Costa Maya (que integran ocho municipios) por la inseguridad y por las altas tarifas hoteleras y en general de servicios turísticos. Pero brinca ya una cifra según la cual hasta 22% de los turistas declaran que no regresarán por la presencia de sargazo, esa muralla de algas marinas que arruina su experiencia. Este tema en particular atrajo ya una decisión presidencial para que se integre un comité de emergencia con funcionarios y empresarios para atender una crisis harto compleja de resolver. (rockroberto@gmail.com).